martes, 19 de marzo de 2013

Mesías

Haile Selaisse es el Mesías de los rastafaris, del mismo modo que Jesús lo es de los
cristianos. El Mesías negro, que además era Emperador de Etiopía, visitó Madrid el 27 de
abril de 1971. El Generalísimo Franco, Caudillo de España por la Gracia de Dios, recibió
al Emperador con el que pasó revista a las tropas que les rendían honores. Por la tarde,
después de merendar en el Palacio de El Pardo junto a Franco y su esposa doña Carmen
Polo, Selaisse departió con los Príncipes don Juan Carlos y doña Sofia en el Palacio de la Moncloa. Para concluir tan intensa jornada, el Emperador fue agasajado con una cena de gala en el Palacio de Oriente.
Al día siguiente, Haile Selaisse, Mesías de los rastafaris, voló rumbo a Valencia. Selaisse, tercera reencarnación de Jah -abreviatura de Javéh- después de Melquisedec y Jesús, Rey de Reyes, Señor de Señores y León conquistador de la tribu de Judá, fue recibido a pie de pista por el Alcalde de la Ciudad. El Alcalde acompañó al Emperador de Etiopía durante toda la mañana. Visitaron el nuevo cauce del río Turia y las obras del Plan Sur. Más tarde, la Diputación Provincial celebró un almuerzo en honor del ilustre invitado. El León de Judá, según marcaba el protocolo, pasearía esa tarde por los lugares más emblemáticos de la ciudad acompañado por el Concejal de Cultura. El Concejal de Cultura, a la sazón primer Teniente de Alcalde, era mi padre, que cuando supo que la hora de quedada con el enviado de Jah era las tres, declinó el honor. Porque mi padre no perdona una siesta ni por el sursuncorda.

miércoles, 30 de enero de 2013

El genio de la Mahou



Rascaba la etiqueta de un botellín de Mahou con la intención de despegarla, cuando desde sus burbujeantes entrañas ambarinas emergió un genio oriental.

- Hola borracho - me dijo-. Gracias por liberarme de las burbujeantes entrañas ambarinas de este botellín de Mahou. Te concederé tres deseos por ello.

- Vale - contesté-. ¿Puedo hacerte algunas preguntas sin que las mismas computen como deseos?

- Dispara, borracho resabiado.

- Si pido algo relacionado con la paz o el hambre en el mundo, ¿destruiré el continuo espacio-tiempo, como si de una superparadoja se tratase, comprometiendo por ello el futuro de la humanidad?

- Sí.

- ¿Por qué?

- Mira, tío - se impacientó el buen genio-. O me pides los tres deseos o te fulmino el forro de los cojones, que no estoy para más eternidades.

- ¡Jo! ¡Vaya genio! - respondí sin percatarme del ingeniosísimo juego de palabras-. Pues pediré para mí. No te creas que no me lo he pensado yo esto. Pero ahora, inmerso en la tesitura, no sé por dónde tirar.

- Pues contaré hasta tres y desapareceré, no sin antes haber tirado de tu prepucio circunciso, que yo sí sé de dónde tirar, mi patético libertador - apremió el del turbante-. Uno... Dos...

- ¡Vale, vale! ¡Ya lo tengo! ¡Quiero dominar los elementos!

- (?)

- Sí, ya sabes. Volar por los aires, respirar debajo del agua y en el espacio exterior, que no me queme el fuego, correr muy rápido, convertir los pedruscos en oro y el agua en vino, hacerme invisible para entrar en el cuarto de baño de la vecina, atravesar las paredes de hormigón, teletransportarme, tener salud y buena vista (porque lo más importante es tener salud)... Lo de la inmortalidad no sé si entra dentro del dominio de los elementos, pero no acaba de convencerme si se me va muriendo la gente a la que quiero. Y lo de cambiar el color del pelo y de los ojos según me dé, me parece un poco frívolo. Además quiero entender  todos los idiomas y hablarlos, claro, incluidos los de los animalitos y las plantas. Y está lo del día y la noche, y los vientos y la lluvia y los truenos y los relámpagos y...

- ¡Cállate, coño! - bramó el genio-. ¡Tú lo que quieres es ser Dios! ¡Y eso no entra!

- Pero, ¿Dios existe? ¿Tú lo conoces?

- Mira, a mí no me líes. Pide lo que tengas que pedir o vete a cagar.

- Vale, vale... Uhmmm... A ver... ¡Ya está! ¡Quiero cantar muy bien!

- Concedido.

- ¡Quiero contar buenas historias!

- Concedido.

- Y, por último, quiero morir viejecito y feliz en el jardín de mi casa, bajo la sombra de un almendro en flor.

- Concedido también. Me piro. Que te den.

Y el genio desapareció dejando tras de sí un espeso vaho que apestaba a eructo cervecero.

Hace ya diez días que el genio de la Mahou se avino a mis requerimientos, y es obvio que, de momento, no me ha hecho ni puto caso. Mis cánticos dan dentera. Mi lector no encontrará ninguna mejora. Ni he muerto feliz bajo la sombra de un almendro en flor, gracias a Dios.
Es posible que el genio ande agobiado de trabajo, como el juzgado de Valencia. También puede que me ignore, creando en mí un gran resentimiento. Pero lo más probable es que todo este asunto fuese producto de un delirium tremens, porque yo, con un botellín de Mahou, no tengo ni para empezar.

domingo, 13 de enero de 2013

Adolescencia

Tengo una hija adolescente a la que sólo le veo el pelo cuando desatasco su lavabo. O de perfil y desenfocada por el pasillo, de camino apresurado hacia la calle. Ahora, eso sí, colabora en las tareas de la casa siempre que se le pide. Por ejemplo, a la hora de comer, su madre hace la compra, su hermano pone la mesa, yo cocino y ella se pinta las uñas de los pies.
Hoy he tenido una de tantas con mi hija por lo de siempre: " me largo no sé dónde y volveré no sé cuándo". Tras un breve intercambio de argumentos originales - "Yo también tuve tu edad y me conozco la vaina", "Es que no confías en mí y piensas que soy idiota"- me ha intentado fastidiar por comparación: "Todos los padres de mis amigas son más enrollados que tú". Le he contestado que conozco bien a los padres de sus amigas y que, como mucho, son tan borrachos como yo. Y entonces, sin percatarse de la contradicción, ha soltado: "Además, tenéis suerte de que no os grite ni os insulte, como hacen el resto de mis amigos con sus padres". Y se ha ido.
He escrito una nota que he dejado sobre su almohada, para cuando vuelva: " Gracias por no insultarme. No he sabido valorar la suerte que tengo. Te quiere. Papá".

P.D: Es cierto. La quiero mucho.

sábado, 29 de diciembre de 2012

Cuento de navidad

De ocho a nueve me he dado un paseíllo con Mago, el efusivo perromierda. Escucho la radio y constato que el gobierno, en un alarde de prodigalidad democrática, tiene cabreada a toda la ciudadanía, desde los sexadores de agapornis hasta los notarios de primera. También me entretengo con la lectura de algunos grafitis con mensaje que embellecen las paredes a la par que conciencian a los vecinos del barrio: "Saúl mongolo", "Vero tiene polla" o "Aviso grúa". Además, compruebo que Papa Noel no se ha enterado de la crisis a juzgar por la de cajas de cartón que vomitan los contenedores de basura. Y,  mientras echo cuentas de lo gastado en almendras garrapiñadas y botellón, me sobreviene un pellizquito en el estómago que sube en espiral hasta mi cogote. Es como el estallido leve de un petazeta, el crujido de un caracol pisoteado, la explosión mínima de un petardo chino, el quebranto de un huesecillo de gorrión, el brillo hipertenso de una bombilla antes de fundirse.

Agosto. Hay instantes muy breves en los que uno parece ser feliz. Se escucha de fondo  "One drop" de Robert Nesta Marley. Aquella tarde fregaba los platos y el café hervía en el fuego. Detrás de la verja de la ventana miraba el último jardín irreductible: el naranjo, la yuca, los cactus, el bambú, la palmera centenaria, las enredaderas, el laurel, la albahaca, la yerbabuena, los geranios... Huele a café, jabón de Marsella, pinzas de tender y tierra. De pronto, la brisa empuja en un bucle imposible las burbujas iridiscentes del Mistol y el vaho aromático del cafe. Las pompas y el aroma del café giran a mi alrededor con la cadencia del reggae antes de salir disparados por la ventana y estallar y disiparse en el jardín.

Soy feliz en navidad cuando recuerdo el verano.


domingo, 23 de diciembre de 2012

Perfectos e imperfectos

Los guionistas saben que los arquetipos funcionan: el bueno, el malo, la chica, el amigo negro del bueno que muere el día que ha de jubilarse.  La cosa no funciona exactamente así en lo que se ha dado en llamar "vida real". Pero se aproxima.
Todos somos "polipolares", quiero decir, que tenemos muchas caras. Pero, del mismo modo que hubo un tiempo en el que diferencié a los seres humanos entre personas y vecinos, ahora los distingo entre quienes creen ser perfectos -o quieren serlo- y quienes nos sabemos imperfectos, a Dios gracias. O, lo que es lo mismo y en términos arquetípicos, cretinos y no tan cretinos. La diferencia fundamental entre unos y otros reside en que los primeros no soportan a los segundos y en que los segundos, aun no soportando a los primeros, disimulan. Esto es, los que creen ser perfectos pretenden que todos lo seamos, mientras que quienes sabemos que no lo somos, además de no dejarnos, comprendemos sus manías, aunque resulten odiosas.
A efectos prácticos y siempre estereotipados -por aquello de reconocernos- podríamos pergeñar un listado de diferencias entre ambos:

- Los perfectos son dogmáticos. Los imperfectos relativizan.
- Los perfectos visten. Los imperfectos se tapan.
- Los perfectos exigen. Los imperfectos comprenden.
- Los perfectos no quieren tocar fondo. Los imperfectos caen borrachos en las aceras.
- Los perfectos sobrevuelan. Los imperfectos bucean.
- Los perfectos comen. Los imperfectos cocinan.
- Los perfectos trabajan. Los imperfectos quieren vivir.
- Los perfectos no contemplan morir. Los imperfectos no piensan en otra cosa.
- Los perfectos producen. Los imperfectos crean.
- Los perfectos desean. Los imperfectos desean y aman.
- Los perfectos quieren el orden. Los imperfectos saben del caos.
- Los perfectos son listos. Los imperfectos, no.
- Los perfectos amenazan con ser sinceros. Los imperfectos soportan sus groserías.
- Los perfectos juegan con el equipo ganador. Los imperfectos juegan con el del barrio.
- Los perfectos cuentan chistes. Los imperfectos encuentran ironía, sarcasmo y cinismo.
- Los perfectos quieren ser adulados. Los imperfectos quieren ser queridos.
- Los perfectos tienen mascotas. Los imperfectos crían animales.
- Los perfectos son atrevidos. Los imperfectos temen cagarla.
- Los perfectos ven códigos binarios. Los imperfectos, el infinito (Romero dixit).
- Los perfectos quieren estar guapos. Los imperfectos son eróticos.
- Los perfectos prefieren lo nuevo. Los imperfectos, lo gastado.
- Los perfectos se relacionan. Los imperfectos conviven.
- Los perfectos hacen deporte. Los imperfectos empezarán un día de estos.
- Los perfectos creen mover el mundo. Los imperfectos lo dejan al azar.
- Los perfectos conocen tres cositas. Los imperfectos conocen y saben que saben tres cositas.
- Los perfectos dan por hecho. Los imperfectos son curiosos.
- Los perfectos son soberbios. Los imperfectos aprenden.
- Los perfectos tienen memoria. Los imperfectos, recuerdos (Vargas dixit).
- Los perfectos son útiles. Los imperfectos enseñan.
- Los perfectos subirán al cielo. Los imperfectos abonarán el suelo.
- Los perfectos tienen hijos imperfectos. Los imperfectos, también.
- Los perfectos dibujan una columna perfecta en este texto. Los imperfectos no encajan después del punto y seguido.

Y seguiría hasta aburrirme.

Ya me he aburrido.

sábado, 15 de diciembre de 2012

Mindundi

A W por inspirarme.
A Pancracio Celdrán y a Ricki López por su inestimable ayuda.
Al ctrl.+B.

Le dije, “W, eres un mindundi”. Y W me preguntó, “¿Qué es un mindundi? Le contesté, “Un mindundi es un donnadie, poca cosa, cagapoquito, chisgarabís, mequetrefe, botarate, pinchaúvas, mierdecilla, mierda seca, cap de suro, picha fría, poc suc, sang d’orxata, faba, atontolinao, tontolaba, atontao, sin sal, soso, sosaina, esaborío, chiquilicuatro, bleda, bleda bollida, lelo, alelao, bobo, sandio, badulaque, gaznápiro, tardo, ceporro, panoli, pasmado, pasmarote, empanado, zote, zoquete, obtuso, blando, blandengue, tonto de baba, bobo de Coria, pocarropa, pobre diablo, necio, inepto, incapaz, torpe, mentecato, estólido, estulto, tonto de capirote, samarugo, memo, corto, fatuo, burro, borrico, majadero, melón, pendejo, alcornoque, bodoque, dundo, pavitonto, tuercebotas, limitado, lerdo, tocho, mendrugo, gilí, menguado, piltrafilla, tolondro, zopenco, zurumbático, sinsustancia, ignorante, marmolillo, sansirolé, zambombo, mastuerzo, pollino, asno, estúpido, cortito, zorrocotronco, ciruelo, mameluco, tarugo, soleche, mamacallos, bolonio, papanatas, palurdo, cacho bolo, zompo, palomo, pepino, camueso, cenutrio, zanguango, cabestro, acémila, pardal, abrazafarolas, sonso, apardalao, tararot, borinot, merluzo, besugo, cateto, bobales, cretino, matao, tolai, moniato, carabasa, zonzo, cualquiera, abundio, brozno, pichote, desgraciado, lechón, cebollino, calamidad, mangurrino, abotargado, tarambana, berza, berzotas, carapapa, rústico, pringao, escoria, pagafantas, peinaovejas, sonajas, ablandabrevas, cantamañanas, bobalicón, robaperas, cascavalero, chalado, polichinelas, bacín, papatoste, cirigallo, fantoche, títere, vaina, caga la olla, papamoscas, farfolla, pelagatos, cagarruta, esperpento, viruta, lento, cazurro, pusilánime, arracacho, zamacuco, carajote, carajotao, mamarracho, troglodita, berenjena, ceporro, papafrita, cansa almas, analfabestia, abejarrucote, chanflón, espantajo, cerril, romo, bausán, zamarrazo, figurón, atropella platos, engaña baldosas, destiñe rubias, batueco, garabato, dompedro, inútil, cagabandurrias, enrredabailes, chapucero, bodrio, patoso, boludo, piernas, guiñapo, animal de bellota, petate, espantapájaros, gurdo, bestia, alcachofo, pelotudo, monigote de feria, gandumbas, apachusco, caraculo, elemento, pelao, bruto, arrabalero, pinchabombillas, cerrojo, cachivache, churriburri, gilipuertas, chusco, burdo, pamplina, chicha ni llimoná, babieca, chafallón, patán, estafermo, carajo a la vela, mostrenco, percebe, descerebrado, canijo, guarripato, agapimú, pelele, tronchamonas, mamporrero, ganso, panarra, botarga, gañán, calenturas, tocapelotas, bandarra, pellejo, asaúra, rudo, paparote, desastre, beocio, cansino, inculto, burdo, pardillo, chorra, tonto del culo, huevón, mamento, birria, dondiego, marioneta, pegote, boquerón, estorbo, petardo, huevón, lechuzo, primaveras, longui, trasto, mazacote, pantomimo, destripaterrones, pánfilo, tosco, fuñique, gagá, simplón, basto, energúmeno, gurrumino, chocho, quidam, ramplón, personajillo, capullo, mascachapas, cipote, hazmerreír, grosero, chingaflautas, cero a la izquierda, mangarranas, mandria, pichiruche, chabacano, melindro, borrego, plimo, iluso, cabeza de chorlito, mangorrero,  cernícalo, margarito, modorro, pelacañas, plasta, pimpollo, chirrichote, patata, culotrapo, bandarria, corto, cafre, mondongo, metepatas, lila, borrico, jumento, chafandino, ridículo, despojo, residuo, zascandil, caracandao, badajuelo, inoperante, zafio, maleducao, lilipendo, cara cartón, chupacharcos, bultuntún, torrija, chirimbaina, atorrijao, hacino, tontucio, pintamonas, cuadrúpedo y un pollafloja”.

domingo, 2 de diciembre de 2012

Soledad

Me gusta estar solo. He pasado mucho tiempo solo, sin compañía, pintando, leyendo, de paseo o, simplemente, mirando al techo. Me encanta estar solo. Sin embargo, ya no puedo. Hace ya muchos años que por circunstancias familiares o de trabajo vivo rodeado de gente. No me quejo, puesto que se trata de una situación elegida y, a menudo, satisfactoria y enriquecedora. Nuestro piso es pequeño y vivimos en él cuatro personas y Mago, el afable perromierda. En la escuela donde trabajo rondamos los ciento ochenta, entre alumnos, profesores e indispensables. Ya nunca estoy solo. Y lo echo de menos.
En mis primeras notas del parvulario, del que conservo un vívido recuerdo, la profesora anotó: " Es muy introvertido. Cuando se le reprende, llora, pero se le pasa pronto". Lo de la introversión lo he superado por necesidad, aunque ahí queda, larvada. Pero ahora, cuando lloro, no se me pasa enseguida.
Ahora que el tiempo me empuja a empellones hacia la senectud, sueño con una retirada feliz, a lo Cèline. Me gustaría encerrarme en mi casa, en Altea, y no ver a nadie. Encargar los libros, los discos, las películas, la comida y las medicinas por internet. Si acaso, acercarme al mar por la noche, cuando nadie pueda asustarse de mis greñas apelmazadas, mis uñas negras y afiladas, mis dientes careados y mi ropa del trapero.
Aunque, como no soy desagradecido, os permitiría a vosotros tres visitarme con contraseña, siempre y cuando os apetezca, y no os importe arañaros con la chatarra ni soportar el hedor de los orines de mis gatos (que no son animales de compañía) y de los míos propios.